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Úbeda

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Hace un siglo]

Juan Pasquau Guerrero

en Gavellar. Nº 25. Enero de 1975. Carta de Úbeda

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Hace un siglo —justamente al finalizar 1875— tenía Úbeda 17.096 habitantes. Casi se ha duplicado, pues, nuestra población desde entonces. No es mucho, si se atiende al hecho de las ciudades que, de un siglo acá, han quintuplicado o más, su censo. Pero es bastante si, como referencia, tomamos a los pueblos o ciudades que han visto descender, «en picado», sus moradores. Teniendo en cuenta que Úbeda, hasta hace poco, ha sido «fundamentalmente agrícola» y que, por tanto, la sangría de la emigración de la postguerra la afectó como a todos los pueblos andaluces, ya es excelente síntoma el constatar que desde la época de la Dictadura (1923-1930), en la que alcanzamos, en un buen tirón, los treinta mil habitantes, hasta hoy —salvado el período emergente de los años cincuenta—, otra vez la población rebasa los treinta mil. Esto significa, pues, que Úbeda no quedará en ciudad museo y que el esfuerzo de todos puede presagiar futuros que emulen sus florecimientos pasados.

Por cierto, retornando a las noticias de hace un siglo, se hicieron en 1876 obras en el Palacio de las Cadenas, que ya, desde años atrás, estaba destinado a Ayuntamiento. Fue entonces cuando se dotó de verjas a las ventanas bajas del edificio. Es curioso que haya sido ahora (cabalmente, cien años después) cuando la iniciativa felicísima del Ayuntamiento que preside don Manuel Fernández Peña, complete las obras que se efectúan en los bajos del monumental palacio. Los miembros del Instituto de Estudios Giennenses hemos tenido en Úbeda una cordialísíma y fructífera convivencia uno de estos domingos de enero. Han admirado todos cuantos no las conocían estas obras y muy especialmente el «desvelo» —preferimos emplear esta palabra— de los magníficos frescos descubiertos, en minucioso, esmerado y atinadísimo trabajo verificado por restauradores de ejemplar dedicación..., el desvelo, digo, de unos meritorios frescos que decoraban la sala capitular del antiguo convento de dominicas que fue el Palacio de las Cadenas. Alguien ha denominado ya a esta sala restaurada «la capilla sixtina» de Úbeda y, «mutatis mutandi», no es desaforada la ponderación. Muy pronto, pues, Úbeda tendrá algo más que enseñar a la admiración de sus cada vez más numerosos e ilustres visitantes.

¡Cuánto hallazgo, cuánta sorpresa y cuánta belleza reserva aún nuestro pueblo en sus casonas, palacios, iglesias! Tras unas centurias de abandono, vuelven a encontrarse o a descubrirse auténticas muestras meritísimas y se verifican restauraciones con excelente tino y sensibilidad. Tal es el caso —que es preciso resaltar— del Palacio de Vela de los Cobos, cuyo interior (tras sus disfraces finiseculares) recobra su prestancia, su estilo, su empaque y su sobria belleza, debidos al atento cuidado, insuflado de sensibilidad de los señores de Rivas, sus actuales poseedores. Y, también es preciso proclamarlo, la Delegación de Bellas Artes, en la que con tanto denuedo trabaja, vigila y programa Rafael Vañó, colabora sin descanso con el Ayuntamiento en la tarea de una «evaluación continua» de Úbeda, siempre favorable, porque si la evaluación da resultados halagüeños, no es, sino porque, antes, ha sido precedida de una «educación» al efecto. Sí, yo mismo he dicho en «Cartas» para «Gavellar» más de una vez, que los ubetenses, cada día más, se van dando cuenta y adquiriendo conciencia de lo que es, de cómo es, su pueblo. Todos los estamentos —y el pueblo llano muy principalmente— responden al general propósito de elevar el prestigio ya hecho de Úbeda; pero también su proyecto y su... prospecto. (Y, debe repetirse, el prospecto no puede referirse sólo a restauración de bellezas en lo material y de normas en lo formal —como cimiento de todas las empresas—, sino, además, a instauraciones de nueva planta.)

Vista atrás otra vez, leo que en 1876 nuestro Ayuntamiento felicitó al Rey por la «terminación de la guerra» con solemnidades públicas. Y que, meses atrás —ya en abril—, Úbeda fue azotada por una de las calamidades mayores en el pasado siglo. Fue una helada tardía de consecuencias fatales. Como noticia curiosa de hace un siglo hay que destacar asimismo el desplazamiento corporativo del Ayuntamiento a la estación de Vilches para cumplimentar a Isabel II a su paso durante su viaje en ferrocarril. ¿Qué pliego de peticiones le haría entonces el Municipio a la Soberana? El Alcalde de la Ciudad entonces era don Pedro Pasquau González de Castañeda.

Ahora vista al frente. Lo que en Úbeda está delante —inmediatamente delante— cuando esto escribo es el comienzo de las actividades cofradieras. Hoy ha sido en Santa María la Fiesta de la Agrupación de Cofradías con profunda y sutil homilía del Padre J. Collantes, profesor de la Facultad de Teología de Granada, y ya comenzaron las charlas semanales sobre aspectos teológicos, de ética cristiana y de formación religiosa, a cargo de eminentes personalidades. El «equipo» cofradiero de Andrés Moreno Siles presiona a todo gas en un abanico de actividades que prometen el resultado deseable.

jAh! Y muy pronto en el salón de actos del Ayuntamiento de Úbeda se va a hacer la presentación del libro de Antonio Millán, «Ubedí básico». Me va a caber el honor, por deseo de su autor y en mi calidad de cronista, de hacer la presentación de ese entrañable libro, para cuyo acto ha prometido también su ilustre intervención el Alcalde de la Ciudad. Buena noticia para los admiradores de Millán, que son todos los lectores de «Gavellar».