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LOS POSTERS DEL DOMUND

Juan Pasquau Guerrero

en Revista «Así». Nº 9. 20 de octubre de 1968. Primero conocer...

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Todavía hay gente que confunde al "Domund" con una "cosa de pedir": sacadineros o sacaliña. Pura pereza. Y pereza culpable. Se trivializa al "Domund" comparándolo, poco más o menos, con una tómbola. Pero dar cinco, veinticinco o cien pesetas para el "Domund", y luego desenten­derse de él es ser "soldado de cuota" de esa gran empresa, cuando ya los soldados de cuota se abolieron en todas partes. El "Domund" ante todo nos plantea una inquietud y quienes no par­ticipan activa y dolorosamente en ella no pueden llamarse militantes. Lo de dar dinero es una consecuencia que se deriva necesariamente de esa inquietud. Y, claro está que quien se desazona ante los problemas que el "Domund" plantea, está obligado a rascarse el bolsillo y a rascárselo generosamente. Pero, antes, urge complicar al pensamiento en la cuestión. Tenemos que res­ponder ante el “Domund”, primero con el espíritu y luego con las pesetas.

Porque el "Domund" cada año, en su cartel, plantea un lema que responde a una angustia. El "Domund" va enumerando cada año las cosas que faltan en el mundo. Así se ha dicho "Domund de la Caridad", "Domund de la Fe", "Domund de la Esperanza"... Hoy se proclama el "Domund de la Justicia y de la Paz". La Fe, la Caridad, la Esperanza, la Justicia son, en efecto, verdades y virtudes ausentes, trágicamente ausentes, en el Ecúmeno: en las tierras cristianas y en las tierras de misión. Y quien no se angustie, y quien no se conmueva ante estas mutilaciones, ¿cómo puede creerse cristiano? Decimos mutilaciones porque no son simples ausencias. El mundo cristiano no puede echar de menos la Caridad como si la Caridad fuese un simple sueño, una utopía, un bien deseable pero imposible. No. Si faltan la Caridad o la Esperanza en el cristiano, esta falta no es una simple deficiencia; es una verdadera tragedia. Puede una bella echar de menos en su rostro un lunar: tendrá una leve contrariedad si no lo consigue, pero seguirá siendo bella. Lo que no le puede faltar a una muchacha bella, para ser bella, es un ojo, o el cabello o la nariz. De igual forma, puede no disponer un cristiano de ciertos adornos o ringorrangos en sus pequeñas virtudes y, sin embargo, seguir siendo cristiano. Pero si el cristiano no tiene las grandes virtudes fundamentales —teologales— es un cristiano de rostro machacado, mutilado, horrible.
Y Por eso decimos que los lemas del Domund son auténticas llamadas, impregnadas de angustia. Llamadas que recuerdan a la Humanidad —y sobre todo a los cristianos— su tremen­da fealdad oscura. Los definiríamos como los "posters" que la Iglesia esgrime en esta hora de "posters". Aunque .naturalmente, el "posters" del “Domund” no es una tontería sicodélica, sino un grito en el que la angustia no empequeñece la serenidad. Un grito, al mismo tiempo, con esperanza. Porque el "Domund" no se limita a acusar irresponsablemente. Y cuando clama por la Fe, por el Amor, por la Paz, sabe que su grito puede ser oído y recogido por los hombres. (A pesar de todas las deslealtades, La Iglesia sigue confiando en el hombre, continúa aguardando cosas buenas del hombre. Algo insólito porque ya van quedando pocos hombres que esperen de verdad en los hombres).

Esta vez el "Domund" alza su voz con las palabras "Justicia" y "Paz". Manoseadas palabras de todas las banderas. Pero en el mástil del “Domund”, la "Justicia" y la "Paz" tienen un limpio significado que nadie puede ensuciar. "Justicia y Paz", nos pide el "Domund 1968". Y por añadi­dura, a cada uno, cincuenta, cien, mil pesetas. Por añadidura.