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El escritor ubetense Luis de Aranda y su posible influencia en San Juan de la Cruz (y IV)

Aurelio Valladares Reguero

en Ibiut. Año IV, nº 19. Agosto de 1985, p. 24

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(Continuación)

Este aspecto de la forma de proceder por parte del místico carmelita como si se tratara de una "obra ajena" ya había sido destacado por otros críticos, amparados en las propias palabras del santo. Es más, esto se puede apreciar en los mismos comentarios, ya que San Juan de la Cruz suele hablar de forma impersonal ("síguese ahora"), refiriéndose al alma ("canta al alma")... A veces emplea la primera persona del plural, pero sólo como una forma de aglutinar en torno a sí a los lectores para ir desentrañando juntos el significado de las estrofas, y la utilización del "yo" sólo afecta a los casos en que él abre brecha como guía de los lectores, pero viendo siempre la obra poética como algo ya realizado y que excede sus dominios. Es decir, procura en todo momento marcar la distancia entre los versos, que tienen entidad propia, y su persona, que va a intentar acercarse a su comprensión.

Y para terminar, debemos volver de nuevo al otro libro de Aranda, el que contiene las glosas en verso de parte de las coplas de Las Trescientas de J. de Mena y de algo más de la mitad de los Proverbios del Marqués de Santillana.

Si bien en el caso anterior parece más que probable el influjo del autor ubetense en los comentarios de San Juan de la Cruz, no creo que sea éste el caso de las glosas en verso.

Es cierto que el santo carmelita, en su escasa producción poética, siguió la modalidad de la glosa en varias composiciones. Tal es el caso de "Vivo sin vivir en mi', "Qué bien sé yo la fonte que mana y corre", "Entreme donde no supe", "Tras de un amoroso lance", "Sin arrimo y con arrimo", "Por toda la hermosura"; nada menos que seis en una decena de poemas que recogen las ediciones modernas al lado de las tres grandes obras (Noche oscura, Cántico espiritual y Llama de amor viva).

La técnica utilizada por el místico en estos seis casos no es siempre la misma y en ninguna ocasión coincide con la seguida por Aranda.

Como ya señalábamos al principio, la "glosa" fue un procedimiento literario que contó con un cultivo extraordinario durante la época. Solamente cabría decir que el santo carmelita se agrega a esta corriente tan generalizada, por lo que difícilmente puede apuntarse un influjo concreto, ya sea de Luis de Aranda (aunque muy bien pudiera haber conocido su libro, ya que se imprimió en Granada unos años antes de llegar el místico a tierras jiennenses y granadinas), ya sea de otro autor.

CONCLUSIÓN

No podemos decir, ni mucho menos, que Luis de Aranda sea una gran figura de nuestras letras, sino simplemente un hombre de su época que quiso y supo adaptarse a una de las corrientes culturales del momento, justamente cuando su ciudad se encontraba en el cénit de su esplendor.

Nos hemos detenido en dos de sus libros por el paralelismo de uno y el más que posible influjo de otro con respecto a la obra de San Juan de la Cruz. Creo que esta circunstancia es suficiente para sacar, al menos, su nombre del casi total olvido en que se halla. Y si a esto unimos la circunstancia de encontrarnos muy cercanos al IV Centenario de la muerte del santo carmelita, ocurrida en Úbeda en 1591, el motivo se hace doblemente justificado.

Esta ha sido mi modesta pretensión con estas breves páginas que aquí he venido ofreciendo al público ubetense a través de la revista IBIUT.

Aurelio Valladares Reguero
Catedrático de Lengua y Literatura
Española del I.B. "San Juan de la Cruz"