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Historia de las calles de Úbeda: Plaza del Generalísimo (y II)

Juan Ramón Martínez Elvira

en Gavellar. Año VI, nº 69-70. Agosto-Septiembre de 1979, pp. 8-9

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HOSPITAL DE SAN PEDRO Y SAN PABLO

Existía ya a principios del XV como hospital. En 1700 ya se había convertido en Albergue de Transeúntes Pobres, permaneciendo como tal hasta pasada la mitad del XIX.

Coincidimos con Ruiz Prieto en la localización de este edificio en «el centro de la fachada que mira a poniente», puesto que este hospital perteneció a la parroquia de Santo Tomás (a la que correspondía dicha fachada), dentro de la cual y en un grupo de casas encuadradas bajo el epígrafe de «Portalillos del Mercado» (1) aparece esta institución en un padrón de 1733. En otro de 1785 se localiza en la casa sexta contada a partir de su extremo norte, lo que la sitúa en el punto fijado por tan ilustre historiador.

Se derribó su fábrica en 1868, fecha que señala el comienzo de la construcción de las actuales casas que forman su perímetro (2).

HISTORIA URBANÍSTICA DE LA PLAZA

Anterior disposición urbana:


Basándonos exclusiva y simplemente en deducciones y sin el concurso, por ahora, de pruebas documentales, damos a continuación una hipotética configuración de ta plaza, al menos durante los siglos anteriores al XVII:

Si como hemos dicho en el apartado anterior, las casas que actualmente delimitan la plaza a los lados y frente de San Pablo, son de construcción relativamente reciente, no hay por qué afirmar que éstas se levantasen necesariamente sobre antiguos cimientos de idéntica disposición. Especialmente nos referimos a la fachada sur, pues la existencia tras ella de un callejón cuajado de mansiones solariegas hace pensar que esta manzana no tendría por qué existir desde un principio y que, por consiguiente, la fachada derecha de la actual calle de Ventaja miraba directamente a San Pablo. Este sería, pues, uno de los lados de la antigua plaza.

Sabre el emplazamiento exacto de los otros dos lados, podemos conjeturar que el que corresponde a la antigua Escuela de Artes y Oficios bien pudiera quedar más adentro, es decir, en la misma línea en que se encuentran las casas sitas frente a la puerta de los Carpinteros de San Pablo y las de la acera derecha de la calle de la Cárcel. El opuesto a éste, admitiendo incluso que pudiera quedar sobre una linea similar a la actual, es posible que fuese prolongación de la fachada de poniente de San Andrés y aun de la calle del Horno Contador, por abajo.

No nos parece ilógica esta búsqueda de planta simétrica para la plaza (aún a pesar de conocer la tortuosidad de los trazados callejeros medievales) si tenemos en cuenta que en muchas plazas antiguas de España la cuadrícula prepondera y choca con el serpenteo laberintico de sus demás callejas.

Lo que sí es menos teórico y más real es que existieron soportales en las fachadas que abrazan por ambos lados a San Pablo. De los primitivos soportales del Concejo (que posiblemente tuviesen continuación hacia la iglesia) y de los de la fachada opuesta, la del Hospital de Transeúntes ya mencionado, hemos hablado ya. Los actuales conservan aún el carácter más medieval de todos los portalillos ubetenses por su trazado quebrado, algunos gruesísimos y cortos pilares y el arco apuntado que los cierra por uno de sus extremos.

Recientes innovaciones:

Las más modernas reestructuraciones urbanísticas del paseo se verificaron en la década de los 50. Se suprimió el muro y las rejas que lo rodeaban; se trasladaron a otros lugares de la ciudad el pedestal con la efigie de Cazabán —que hasta el momento había venido ocupando un trozo de jardín lateral próximo al ángulo que apunta hacia la Rúa— y el monumento al general Saro, sobre cuyo emplazamiento se colocó el actual dedicado al extático San Juan de la Cruz (3); se cambiaron de bugar algunos de los accesos a dicho paseo y des-apareció el quiosco de la música (4), situado hasta entonces frente a la calle del «frailecico». A estas modificaciones se unió un nuevo alumbrado que, en nuestra modesta opinión, continúa sin encajar con el ambiente de la plaza (5).

Poco a poco, y si nadie lo remedia, esta plaza irá perdiendo su simétrica distribución de puertas y balcones y acabará desnaturalizando su peculiar fisonomía. La Implantación de cierres ante los balcones está proliferando. Y éstos no sólo desentonan por sus lineas modernas, sino que, como en el más reciente caso, han hecho desaparecer las dovelas y jambas del hueco correspondiente.

JURISDICCIÓN ECLESIÁSTICA

De las once parroquias con que contaba la ciudad, tres de ellas ejercían su tutela sobre el Mercado. A San Pablo pertenecían las casas del lado norte y las del oeste, así como la manzana que queda frente a la iglesia. Si, como arriba dijimos, damos a ésta por inexistente a principios del XVI, sería Santa Maria quien tuviese por feligreses a los vecinos del lado sur de la plaza o acera derecha de Ventaja, mientras que a Santo Tomás pertenecían los del lado oriental.

Al desaparecer esta últiena parroquia en 1842, su antigua feligresla pasó a formar parte de la de San Pablo, por lo que hoy todo el perímetro de la plaza pertenece a ella.

HISTORIA

El hecho de que pueda calificarse a esta plaza como a la más municipal de todas las de Úbeda viene confirmado por una serie de notables sucesos que la tuvieron por marco. Entre ellos cabría destacar:

— En 1368, tras la incursión devastadora de Pedro Gil y Mohamed V, y como consecuencia de la destrucción de los archivos parroquiales y notariales, hubo de reunirse el pueblo ante el balcón de San Pablo para ir restituyendo por aclamación general los bienes no escriturados.

— Aunque no consta documentalmente, no es aventurado imaginar que esta plaza sería escenario en más de una ocasión de algún que otro enfrentamiento entre los bandos rivales de los Arandas y Traperas, primero, y los Cuevas y Molinas, después. Si consta, en cambio, que los Traperas, so pretexto de piadosa hermandad, se reunieron en una capilla de San Pablo para conspirar contra sus oponentes, hasta que el enérgico Adelantado de Andalucía, don Perafán de Rivera, mandó cortar la cabeza a uno de sus jefes principales.

— A propósito de ejecuciones, recordemos que la pena capital era aplicada en esta plaza y que los ajusticiados eran enterrados en una especie de cementerio situado frente a la puerta de San Andrés, que daba al Mercado. Parece ser que tan piadosa obra era llevada a cabo por los hermanos del hospital del mismo nombre, anejo al convento.

— El viernes 3 de abril de 1422 los vecinos de la plaza vieron penetrar, graves y silenciosos, al corregidor, chantre, alguacil mayor, regidores, canónigos y demás caballeros que, por temor a una nueva algarada del rey de Granada, habrían de acordar la rápida reparación de las murallas.

— A las nueve de la mañana del 21 de noviembre de 1446, en «las gradas del Mercado», comenzó el proceso cuyo definitivo dictamen habría de conocerse con el nombre de Sentencia Arbltral. Motivaba ésta a la queja de los hombres llanos sobre las exenciones tributarias de que disfrutaban los hijosdalgo y, sobre todo, los que diciendo serlo, no lo eran. Para dirimir la cuestión se nombraron dos jueces árbitros por la nobleza y otros dos par el pueblo. Quedarían libres de impuestos aquellos que demostrasen no haber estado sujetos más que al pago de cinco maravedises durante los últimos veinte años.

— El 28 de septiembre de 1591, procedente de La Pañuela (La Carolina), entra en Úbeda San Juan de la Cruz. Y aunque es muy probable, como afirma el señor de la Torre Ruiz, que lo hiciese por la puerta del Losal y, por tanto, a través de la calle del Carmen, la sola posibilidad de que el místico doctor atravesase esta plaza, nos mueve dejar apuntada tan hipotética circunstancia.

— El 14 de octubre de 1810, estando Úbeda en poder de los franceses, el brigadier Calvache entró en la ciudad y llegó hasta el Mercado, dejando en el Ayuntamiento «instrucciones secretas».

TRADICIÓN

«Desde que San Fernando conquistó la villa de Úbeda, en 29 de septiembre de 1234 —dice Ruiz Prieto—, venía celebrándose este acontecimiento con una gran hoguera en la plaza de Santa María (?) (6) la víspera del día de San Miguel, o acaso la noche del mismo día, para cuya hoguera se cortaban y conducían a dicha plaza los dos árboles mayores que había en el término...».

La quema de estos árboles -álamos, por cierto— sa prohibió a petición del Concejo, justicia y corregidores porque en ella «se gastaban muchos dineros y era causa de que se ficiesen muchas cosas feas en deservicio de Dios Nuestro Señor, porque como la dicha hoguera y el regocijo que la gente hacía en la dicha plaza duraba casi toda la noche, saltan a ella hombres y mugeres y hacían cosas deshonestas y del mal exemplo y aún se causaban quistiones y ruidos».

Hasta comienzos de la década de los cincuenta se han venido quemando —no sabemos si como un tímido resurgir de la prohibida hoguera— unos haces de ramas de olivo —ramón— frente a la fuente de San Pablo en la noche de la víspera de San Antón. Los churros constituían menú obligado para esa velada.

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Los festejos taurinos con los que se sustituyó esta hoguera habían comenzado, según Campos Ruiz, «cuando la proclamación de Isabel la Católica, en 1474, y tomaron confirmación oficial el año 1565, como se manifiesta en la Cédula Real de Felipe II, fechada en Madrid el 3 de marzo de dicho año, de la que hemos citado algunos fragmentos.

«Histórica es —afirma don Juan Pasquau— la fiesta de toros celebrada en la plaza el año 1685, en la que bravos novillos fueron alanceados por nobles caballeros ubetenses.»

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Estos actos —hogueras y corridas— constituían el origen y parte esencial de nuestra FERIA:

En un principio (siglo XVI) la Feria comenzaba con la toma de posesión de los corregidores la víspera de San Miguel, formándose a continuación una comitiva integrada por regidores, priores, superiores de conventos y demás personalidades políticas, que encabezada por el portaestandarte o alférez mayor partía de las Cases Consistoriales para detenerse en el tabladillo de San Pablo.

Hasta finales del XVII hubo casetas en el Mercado como ramificación del núcleo principal situado en la parte baja del Real y en la Rúa. Además, esta plaza se reservó siempre para los bailes y la instalación de puestos de churros. Dichos bailes se prolongan haste bien entrado el siglo XX. Se construyó una especie de pabellón cubierto, donde se reunían para la danza y la relación social las clases más distinguidas de Úbeda. No tardó el pueblo en darle nombre a dicha instalación que, socarronamente, quedó bautizada como «La Potreriza».

Cuando la Feria pasó a la Corredera también siguió el Mercado alojando atracciones. Y, como ya dijimos, desde los inicios del XVIII, salta de San Andrés durante la Feria la Procesión del Rosario.

Estuvo, pues, el Mercado relacionado con los festejos feriales hasta el año 36 y así lo confirma un programa de Ferias correspondiente al 3 de octubre de 1935, en el que se anuncia para «las cuatro de la tarde, en el paseo del Mercado, elevación de globos y fantoches». Asimismo, vemos cómo los conciertos alternan este lugar con otros de la ciudad, al mismo tiempo que existen varias bandas de música de cuyos directores se ha inmortalizado entre nosotros el maestro don Victoriano.

Por otra parte, el popularísimo guiñol de «La Santa Borracha» pone nombre a la «Casa de los Mingotes», en cuya fachada se daban estas ingenuas representaciones. Esta casa es la que da frente a la calle de María de Molina.

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Otra festividad que en esta plaza consumía sus mejores momentos era LA PASTORADA, celebrada en el día de la Candelaria y cuyos protagonistas eran «los gremios de pastores, hortelanos y otros oficios agricolas; todos vestían el traje de pastores con sus cayados y enormes cucharas al cinto. Formaban una alegre comparsa que recorría la población ejecutando vistosas y variadas danzas y formando una pirámide de tres círculos de hombres sobrepuestos y cerrada la cúspide con un ángel, niño de ocho a diez años que acompañaba a la comparsa (...). Desde un arco de la torre de San Pablo se tendía un cable al centro de la plaza del Mercado, donde se hacía el tablado; el ángel descendía desde la torre sujeto a una corredera que suavemente se deslizaba por el cable y era recibido por los pastores en alegre algazara. Se hacía y comía en dicho sitio un gran caldero de migas y, al mediodía, un borrego, y el resto del día lo pasaban recorriendo las calles y visitando algunas casas de la población, ejecutando sus vistosas danzas acompañando al ángel» (7).

SOCIEDAD

La plaza del Mercado mantiene a lo largo de los siglos un sustrato social básicamente apoyado en la clase media. Rara vez aparece entre sus casas un miembro de la rancia nobleza ubetense; así, por ejemplo, el que en 1723, en los portalillos de la parroquia de Santo Tomás, aparezca empadronada doña Mariana Salido, hijadalgo, constituye una excepción a la regla. El resto de sus gentes se acoge a los más diversos oficios: en el medio siglo escasamente sobrepasado, que va desde 1709 a 1761, se suceden porteros (encargados de las puertas de la ciudad), sastres, fontaneros, caldereros, herradores, horneros y panaderos, cocheros, esparteros, rastilladores, jaboneros, zapateros, albañiles, tenderos, barberos, doradores, guardas de millones, aladreros, ballesteros, mesoneros, jornaleros y hasta una buhonero. En este periodo vivieron también en el Mercado los sacristanes de San Pablo y de Santo Tomás, el clérigo de menores y notario mayor don Blas de León, los procuradores Juan de Briones y Alonso Muñoz, los diputados Antonio de Trillo y Lorenzo López, el estanquero don Manuel Prieto, don Manuel Pancorbo, teniente, y el jurado Simón de Trillo.

El índice de indigencia parte de tres vecinos pobres en 1709, para llegar a once en el 33 y alcanzar la cúspide en 1752 con 16. Ocho años más tarde, este número se reduce a ocho (8). Como veremos en más de una ocasión, hay también personas que, como doña Isabel de Baena (posiblemente emparentada con una tal doña Maria del mismo apellido), conservan un prestigio social contrapuesto a una carencia patente de medios económicos.

Vecinos notables de esta plaza han sido, en tiempos más recientes, el prior Galey, párroco de San Pablo y don Marcos Hidalgo Sierra, párroco a su vez de Santa María, poeta y cronista oficial de la ciudad.

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Nos permitimos, como colofón de este apartado, hacer mención a un establecimiento de bebidas cuya fama traspasó el ámbito local pos sus especiales características. Nos referimos al bar «Las tres puertas», más conocido como «el de Angelillo», antiguo guarnicionero dotado de una especial concepción filosófica de la vida, hondamente popular, y cuya taberna fue escuela de cante flamenco para muchísimos aficionados.

Ramón MARTINEZ ELVIRA

(1) Estos soportales, conocidos por muchos de nuestros mayores, eran bajos, con columnas redondas blanqueadas y entre ellas arcos de medio punto.
(2) Un dato más que nos aporta el cultísimo poeta ubetense don Juan de la Torre Ruiz.
(3) El del general fue inaugurado en 1930 y, el del carmelita, el 24-XI-59.
(4) Anterior a éste existió otro de madera, colocado en lugar distinto.
(5) No resistimos la tentación —a propósito del alumbrado— de comparar, aunque sea de manera vulgar, a la nueva iluminación de monumentos con «el perro del hortelano», trasladado da meteria gastronómica a fotométrica, pues el nuevo sistema «ni alumbra (porque están apagados la mayoría de sus focos) ni deja alumbrar» (lo que nos hace añorar aquella luz que trocaba a los vivos en cadáveres, pero acompañaba a diario al paseante nocturno).
(6) Discrepamos con el gran historiador ubetense respecto a la localización de dicha hoguera en la plaza de Santa María, ya que el documento que transcribe referente a la permuta de este festejo por otro de carácter taurino, se dice simplemente «... Se hacía en la plaza mayor della una hoguera...» Y más adelante, leemos: «...Vos damos licencia e facultad para que de aqui adelante una vez en cada año podays hacer comprar e compreys tres toros para que se corran y maten en esa dicha dibdad en la plaza della...» Si, como antes hemos dicho, la «plaza por antonomasia» era la del Mercado y sabemos, por otro lado, que tradicionalmente las corridas de toros han venido celebrándose en él, fácil es colegir que esa plaza mayor no sea otra que la actual del Generalísimo.
(7) Ruiz Prieto. Historia de Ubeda. Vol. III (Inédito).
(8) Hacemos hincapié en el término vecinos puesto que estas cifras no corresponden al número real de pobres, sino al análogo de «cabezas de familia».