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Historia de las calles de Úbeda: calle de Cervantes (I)

Juan Ramón Martínez Elvira

en Gavellar. Año VI, nº 71. Octubre de 1979, pp. 10-11

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CALLE DE CERVANTES

EMPLAZAMIENTO Y CARÁCTER URBANO


Comienza en la de Hernán Crespo y termina en el Mercado. Por su derecha se cuenta hasta el 18 y por su izquierda hasta el 13, si bien las casas que corresponden a esta última cifra y a las dos primeras impares se encuentran hoy deshabitadas o en ruinas. En su mayor parte, las casas que la forman albergan a una o dos familias. De estas edificaciones destacamos la ya señalada con el 13, poseedora de una oscura fachada de cantería de austeridad herreriana, y la numerada con el 4, conocida corno Casa de las Culebras, de la que hablamos después y que linda con la Casa Mudéjar, hallada en 1964: «Fechable en el primer tercio del siglo XIV, presenta un bello porche de arcos túmidos, columnas octogonales con capiteles paliédricos de original factura, tallados a base de pianos curvos y rectos sobre un cubo de piedra; patio central rectangular, con galerías circundantes; artesonados policromados y portadas de acceso a sus diversas dependencias del típico mudéjar ubetense, con dintel formado por dos salmeres y una viga sobre ellos. En sus sillares se conservan todavía los signos de los canteros que los labraron» (1). Innecesario recordar que en ella está instalado el Museo Arqueológico de Úbeda.

Son también dignas de mencionar las construcciones modernas, que han sabido arropar evocadoramente a San Pablo. Así, la número 14, tras conservar elementos de su antigua configuración, como un relieve en piedra de la cruz de Santiago, se remata con una galería de macizos columnones sobre los que descansan zapatas de madera. Otra galería, más baja y grácil, se ha construido en el número 18, que muestra también otra cruz, ésta ya de la Orden Trinitaria.

ANTIGÜEDAD

Don Rafael Vañó (2) afirma que del siglo VI de nuestra era se conservan restos visigodos encontrados en la parroquia de San Pablo y otros lugares. Es lógico, pues, pensar que esta población visigótica diera origen en principio a lo que hoy es el trazado actual de esta calle.

Aunque no se conservan restos musulmanes, su situación intramuros y su pertenencia a un barrio de trazado típicamente árabe nos hacen asegurar que estuvo poblada —muy poblada, incluso— por los seguidores de Mahoma.

Fuera ya de conjeturas, es de la época cristiana —aunque realizada por maestros albañiles musulmanes— la construcción del edificio que viene a conceder de manera taxativa una antigüedad mínima de seis siglos y medio a esta calle. Nos referimos, claro está, a la Casa Mudéjar.

Documentalmente, como ahora veremos, la fecha más antigua la sitúa a finales del XVI, concretamente en 1566.

NOMBRES

Hernán Rodríguez de San Martín, Juan de la Torre, Juan de San Martín, San Pablo, Los Sanmartines, Don Cristóbal Mesía, Doña Isabel Josefa, Las Culebras, La Polla, Cervantes.

Hernán Rodríguez de San Martín

Con este nombre, profuso y dilatado, aparece ya en el último tercio del XVI y primero del siguiente. Concretamente eel es denominada en los padrones de 1566, 1587, 1601, 1611, 1629 y 1632, sin más variaciones que las ortográficas relativas a la permuta de la letra inicial del nombre de pila (F por H o viceversa) y la supresión a veces del segundo apellido.

Durante este período, cercano a los setenta años, se intercalan otros nombres, de los que hablamos más abajo. Su longitud en esta época, y en años sucesivos a veces, no corresponde exactamente a la actual, pues en muchas ocasiones se alarga por el Norte hasta la misma calle Montiel (tomando, por tanto, parte de la de Hernán Crespo) y, como lo hace hoy, llega hasta el Mercado por el Sur, a través de la acera frontal a la Puerta de los Carpinteros de San Pablo. También es posible que tomara el trozo de la calle de Roque Rojas que acompaña a la fachada norte de este mismo templo. Así, en 1575, por ejemplo, vemos que pierde su nombre habitual y queda desmembrada entre el Mercado, la calle de Pedro Mexías y la Calleja de la calle Montiel. Estas dos últimas son hoy la totalidad de la de Hernán Crespo.

En 1601 se le añade a este nombre el de CALLE DE LA CARPINTERÍA, taller éste situado con toda seguridad frente a la puerta de Poniente de San Pablo, por lo que ésta se llamaría de los Carpinteros. De éstos conocemos a Francisco y Luis de Yruela (mozo uno y viejo otro) y a Juan Bautista, que al estar empadronados en ocasiones dentro del Mercado nos confirman la existencia de su taller en este tramo de la calle.

Hernán Rodríguez de San Martín, existente necesariamente antes de 1566, aparece en los padrones ininterrumpidamente hasta 1615, año que, por dos padrones distintos, en uno de los cuales aparece su nombre y en el otro el repartimiento cae directamente sobre sus hijos, pudiera ser acaso el de su muerte. De su progenie sólo conocemos el nombre de don Andrés de San Martín.

Sus pagos al erario público varían con los años y posiblemente más con los diferentes tipos de contribución impuesta: en el 87 aportaba al fisco 4.000 maravedíes; en el 99, 10 ducados (lo que le convierte en el vecino más opulento de la calle), 800 maravadíes en el 1606, cuatro ducados en 1611 y 1.120 maravedfes en 1615. Sabemos también, como simple apunte doméstico-taurino, que gozaba de los servicios de una criada y un criado, el cual, llamado Luis de San Martin —pariente suyo quizá—, aparece como toreador en 1599. Este término era aplicado desde el siglo XVI a los que se dedicaban al toreo a caballo. Así, pues, en este Luis de San Martín tenemos a nuestro primer torero profesional.

Es muy posible que Hernán Rodríguez, pese a dar su nombre durante tanto tiempo a la que hoy es calle de Cervantes, no viviese exactamente en ésta, pues en 1575 estaba su domicilio enclavado en la ya mencionada calleja que sale a la de Montiel. Sin embargo, a partir de 1587 lo vemos siempre antecediendo o posponiendo su nombre al de Juan de San Martín, lo que da idea de una muy próxima vecindad entre ambos y puesto que este vecino se localiza en la desembocadura al Mercado, hay que pensar forzosamente en un posterior cambio de domicilio —por parte de Rodríguez de San Martín— hacia ese punto o, lo más probable, en una deficiente confección de aquel padrón.

Juan de la Torre

Así se llamó esta calle en el año de 1594.

Le dio nombre un mercader —denominación que en aquellos tiempos llegaba a identificarse con la de fabricante— que en 1566 aparecía en el Mercado, lo cual nos hace asegurar que su casa debía estar en el extremo de la calle Cervantes más próximo a dicho paseo. Sus aportaciones al fisco (seis ducados en 1577) nos hacen ver su solvencia económica. Está registrado por última vez en 1599 junto a su hijo y sucesor Pedro de la Torre Salcedo. Y, efectivamente, debió de morir poco después, ya que en 1601 se menciona a su viuda e hijo. Este continúa como experto negociante hasta su muerte, que debió ocurrir entre el 1615, fecha en la que le vemos por última vez, y el 1626, en que le sobrevive su esposa, Magdalena de Medina.

El apellido La Torre es otro de los que parecen formar parte del patrimonio exclusivo de esta calle. Posiblemente sus poseedores fueran, en este periodo, parientes del titular que han crecido junto a él o han acudido esperanzados a su entorno para obtener alguna migaja con la que atenuar su miseria. Así, en 1566, vemos a Esteban de la Torre, hombre también poderoso, curtidor de oficio, que paga a la hacienda pública 2.000 maravedíes en el 87 y que ha muerto ya en 1594. Su viuda, Juana de Chinchilla le sobrevive al menos hasta el 1611, pues cuatro años más tarde sólo aparecen sus hijos. Otro es Francisco de la Torre, que aparece únicamente en 1587. En el padrón siguiente (1594) vemos a María de la Torre y a otro Juan de da Torre, trapero de oficio. En 1599 aparece Diego López de la Torre, jurado, que tiene a su cargo varias tutelas en 1601. Había muerto ya en 1626. Tres años más tarde, se relaciona a otro Diego López de la Torre como clérigo licenciado. Es muy posible que éste fuese hijo del primero, de cuya descendencia, no obstante, sólo conocemos de manera oficial que tuvo una hija. Dicho clérigo no vuelve a encontrarse hasta 1642.

Otros «de la Torre» van apareciendo en años sucesivos, de algunos de dos cuales volveremos a hacer mención en su momento.

Juan de San Martín

En dos ocasiones, 1599 y 1606, aparece de este modo, con la particularidad de que en este último año se llama también De la Tercia, lo que nos obliga a pensar que por este tiempo, la Tercia (casa donde se depositaban los diezmos) se encontraba en esta calle.

Este Juan de San Martín está localizado en 1575 dentro del Mercado, lo que nos hace presumir tuviese su morada en el antiguo tramo de la Carpintería. En 1615 vive en su misma casa don Bernardino de Ribera, hijodalgo, y probablemente yerno suyo por matrimonio con su hija doña María de San Martín Arredondo, de la que volveremos a ocupamos. Lo vemos empadronado por última vez en 1626, en que figura como arrendador. Esta circunstancia y la ausencia del «don» manifiestan claramente su carencia de condición nobiliaria. A pesar de ello, su privilegiada situación económica —paga ocho ducados en 1599— le permite emparentarse con la nobleza por concierto matrimonial, objetivo fundamental de los adinerados de la época, no sólo por razón del prestigio social alcanzable, sino, preferentemente, por la exención de cargas fiscales a conseguir.

No sabemos, por otra parte, si existieron lazos de parentesco entre Juan de San Martín y Hernán Rodríguez de San Martín. Nos inclina a afirmarlo el común apellido y la desahogada posición económica de ambos.

San Pablo

Esta denominación, claramente relacionada con la situación de la calle respecto al templo de dicho nombre, es una de las pocas cuyo origen es de tipo espacial y no social. Llamóse así a esta calle a partir de 1615, haciéndolo de forma continuada hasta 1627. En 1632 altena con Hernán Rodríguez. Sigue en 1638 y 1642, año a partir del cual no vuelve a reaparecer hasta 1780 y 1795.

A continuación damos una breve referencia sobre dicha iglesia:

Ruiz Prieto, en su Historia Eclesiástica de Úbeda dice que su fundación es antiquísima, presuponiendo un origen visigótico a su primitiva traza. Con los musulmanes siguió siendo templo cristiano para, posteriormente acabar convirtiéndose, como todas las iglesias de Úbeda, en mezquita. En 1368 quedó arrasada totalmente con la entrada de Pero Gil, desapareciendo los archivos de la nobleza, de las parroquias y de la universidad de priores y dignidades. Parece que su estructura básica es de aquella época. En los años sucesivos se fueron añadiendo, en retazos más o menos deslavazadas, los elementos que hoy integran la totalidad del conjunto.

Por nuestra parte, volvemos a insistir en que este templo es realmente el que mejor simboliza el maridaje entre Iglesia y Estado, establecido desde la antigüedad. Es, por tanto, el templo oficial de la representación ciudadana a través del Concejo y en donde se mezclan, a lo largo de la historia, especialmente en la Edad Media y comienzos de la Moderna, las actividades religiosas y civiles. En este aspecto, y salvando considerables distancias, San Pablo, a nivel local, cumpliría mejor las funciones de catedral o iglesia mayor —en cuanto templo confirmatorio de la actividad municipal— que la propia Santa María.

Los Sanmartines

Durante la segunda mitad del XVII, se expresa claramente, mediante este nombre, la profunda relación existente entre esta calle y los miembros de la familia San Martín. Hasta la implantación del nombre actual y desde que por el padrón de 1566 comenzamos el estudio documentado de esta calle, salvo aisladas ocasiones, ésta pertenece de manera preponderante al apellido —expreso o tácito— de los Sanmartines. Esta titulación, pues, a pesar de figurar en nuestro cuadro sólo tres veces continuadas (1656, 1661 y 1671) y una aislada en 1697, agrupa a todos esos personajes que con un apellido común han constituido, a lo largo de la historia, su estrato social más representativo.

En los tres lustros en que aparece este apellido sabemos que viven varios de sus portadores, el más importante de los cuales parece ser Don Cristóbal Mesía de San Martín que, a continuación, dará su nombre a esta calle. En 1656 ya no se empadrona a Don Diego de San Martín, que desde 1632 parecía haber sido el varón más insigne de esta rama, pero sí vemos a doña Isabel y doña María de San Martín, ambas hidalgas y al parecer doncellas. En el padrón siguiente -1611— no están incluidas éstas, pero sí lo está doña Catalina de San Martín, que no contribuye al repartimiento por pobre.

Recordemos que los Sanmartines dieron nombre a la capilla de San Pablo, donde se conserva la única escultura yacente que poseemos en la ciudad y que pertenece, posiblemente, al comendador maltense Frey Juan de Monsalve y San Martín, antepasado suyo. Esta capilla sirvió también de enterramiento a muchos miembros de esta familia.

Don Cristóbal Mesía

Como arriba decíamos, este «hijodalgo notorio», pasa a continuación -1673— a titular con su nombre la calle, que de tal forma es llamada sin interrupción hasta principios del siguiente siglo (1702), con la sola excepción del año 1682 en que pierde éste y cualquier otro nombre, para quedar formando parte de la actual plazuela de Josefa Manuel. El personaje en cuestión aparece en 1642 y ya no lo hace en 1675, siendo en dos años anterior la fecha en que se le ve por última vez. Precisamente en 1674 hace su aparición doña Leonor de Ribera y San Martín, de hidalga condición también, a la que no creemos su esposa, pues sólo en 1696 aparece como viuda de hijodalgo. Sí cabe pensar que al año siguiente de la muerte de Don Cristóbal, posiblemente su hermano, ella figurase en los padrones al frente del mayorazgo, lo cual supone que aquél hubiese muerto viudo sin descendencia o nunca llegase a contraer nupcias. Siguiendo con las hipótesis, bien podría ser también que doña María de Ventaja, que aparece en el mismo año que doña Leonor, como viuda, hubiese sido esposa suya, aunque su condición de pobre disminuya las posibilidades de esto.

Doña Isabel Josefa

Se aplica este nombre durante la primera veintena del siglo XVIII, si bien no de manera absoluta, puesto que alterna con el anterior y siguiente y en ocasiones, como ya había ocurrido antes, pierde toda identidad y queda englobada de nuevo en la lista de vecinos de la que hoy es plaza de Josefa Manuel (1705) o se esconde en la de Hernán Crespo.

Los años en que se titula así son concretamente los de 1709, 1714, 1715 y 1719.

Aparece esta dama en 1701 acompañando a su nombre el apellido de Mesía y figurando como "...hijodalgo y viuda de hijodalgo...". De quién fuera su marido no sabemos nada. Y de ella misma sólo que se muestra por última vez en 1711. Quizá fuera interesante destacar que una doña Isabel de San Martín se presenta en 1682 como «moza» y que deja de hacerlo precisamente en el padrón de 1697, inmediatamente inferior al que introduce por primera vez el nombre de Isabel Josefa. Se da también la especial circunstancia de que ambas ocupan idéntica posición respecto a los demás vecinos, lo que nos hace asegurar que si no se trata de la misma persona en cuestión, al menos las dos vivían en la misma casa, una después de otra, por supuesto. Por nuestra parte, nos atrevemos a descartar la duplicidad de identidades, lo que llevaría, respecto a la cuestión de su matrimonio, dos planteamientos distintos: O se casó y enviudó entre 1697 y 1701, o lo hizo antes sin que su marido figurase nunca en los padrones de repartimiento por no tener derechos adquiridos sobre el patrimonio de la esposa.
(Continuará)

Juan Ramón MARTINEZ ELVIRA

(1) Vañó Silvestre. «Museo de Úbeda». Folleto divulgativo.
(2) «Desarrollo histórico del perímetro urbano de Úbeda». Separata del Boletín del I.E.G.