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Historia de las calles de Úbeda: calle de Hernán Crespo (y II)

Juan Ramón Martínez Elvira

en Gavellar. Año VII, nº 75. Febrero de 1980, pp. 5-6

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SIGLO XVIII

Persiste durante estos cien años la misma dificultad que en los inmediatos anteriores, ya que en las listas de vecindad de esta calle aparecen nombres que corresponden a las actuales de Cervantes, Ginés Gómez o Plaza de Josefa Manuel. Esto lo hemos soslayado en parte seleccionando los nombres que con mayor seguridad correspondiesen a vecinos de Hernán Crespo.

En consecuencia, los padrones de este siglo arrojan una media de 9,6 vecinos, lo que viene a representar una población de 48 personas para cualquier periodo de la centuria. No obstante, hemos comprobado que hay mayor número de cabezas de familia inscritos en los padrones de la segunda mitad del XVIII. En 1795 se realiza el censo más completo de todo este siglo y en el que constan 20 vecinos, lo que nos hace suponer que la población total de esta calle se acercaría al centenar en alguna ocasión.

Con cierta aproximación podemos decir que, de la población total que vive a lo largo del siglo, el tanto por ciento mayor corresponde también a los que no figuran ejerciendo una determinada labor (36 %). Le siguen, igualmene, las mujeres (muchas de ellas viudas y pobres), que dan un 19 %; los trabajadores sin especialización (casi todos jornaleros), que arrojan un 17, y los clérigos, que suponen algo más del 7 %. Las clases más distinguidas registran un 5 % —cuya tercera parte corresponde a la pequeña nobleza— y el resto del personal se diluye en unos porcentajes mínimos, distribuidos entre pegujareros (1), mayordomos (2), fontaneros, sacristanes, ballesteros (3), sirvientes, labradores y uno de cada de los siguientes oficios: zapatero, relojero, arriero, truquero (4), garbancero (5), diputado, cardador, guarda de millones, escultor, escribano, maestro de albañil, pastor y menestral (6).

Restringiendo cifras y personalizando ocupaciones, creemos necesario mencionar —al menos por su más larga permanencia vecinal en esta calle— a Luis del Villar (1709-1718), Silvestre Muñoz (1751-62), Juan Contreras (1752-80), Juan Pedro de los Santos (1768-80), todos ellos sin oficio conocido; al garbancero Pedro de los Cobos (1722-40), al diputado Manuel Moreno (33 al 46), al ballestero Juan Antonio Murciano, alias "Peca" (1744-69); al labrador Francisco Martínez (1785-96), al escribano don Mateo de Quesada (1785-95) y, entre las mismas fechas, al maestro albañil Juan de Perea. De los clérigos destacamos al licenciado don Cristóbal Nieto, presbítero, que se empadrona desde 1701 a 1735; a don Jacinto de la Torre, hijodalgo y clérigo que, sin alcanzar las Ordenes mayores, vive en los dos primeros años del siglo; al mayordomo don Juan de Bedmar, de menores Ordenes (1705-25); al notario eclesiástico Blas de León; al colector don Juan de la Cruz (1746-51); al presbítero don Cristóbal de Cabrera (¿quizá también apellidado Melgares?), que vemos desde el 52 al 69; al vicario don Manuel de Campos (1755-69), y al presbítero don Bartolomé Marín (1780-96). En el 93 aparece don Juan de Alaminos, presbítero, y dos años más tarde don Gregorio Martínez, clérigo tonsurado.

De entre las mujeres, alcanzan mayor "longevidad" como vecinas las viudas Juana de la Cruz (1748-61) e Isabel Alfonsa, cosechera (1780-96).

De los hidalgos seculares no hacemos especial mención por dos causas: la primera, por la fugacidad de su paso; la segunda, por considerar que muchos de éstos tenían su morada en la casa que fue de don Luis de la Cueva, sita en la plaza colindante.

De las personas —hidalgas o no— que se honran con el "don" es don Manuel Camargo, hombre casado y con dos hijos capellanes, quien durante más tiempo permanece como vecino, pues a partir de 1785 está presente para continuar once años más.

Respecto al único escultor, hemos de decir que sólo aparece en 1761 con el nombre de Alfonso Bidón, aunque al parecer su dedicación a la talla no era muy exclusiva, ya que en otro padrón del mismo año aparece de nuevo (esta vez con el apellido Vidal) y cualificado como jornalero.

En cuanto al número de pobres, más o menos extremosos, podemos señalar, sin temor a equivocarnos, que casi todos los jornaleros integran esta clase social, así como un elevado tanto por ciento del número de las mujeres, especialmente si éstas aparecen como viudas.

SIGLO XIX

El primer padrón de vecindad que aparece en este siglo está fechado en 1814 y es muy completo, pues se relacionan a los cabezas y personas que éstos tienen a su cargo. De esta forma podemos fijar exactamente en 46 el número de habitantes que tiene la calle. Esta media se
mantiene con ligeras variaciones hasta la mitad del siglo (1849), en que aparecen 57 vecinos, distribuidos en 10 casas distintas. La facilidad con que estos datos se hallan en el archivo y la disminuición de interés que la mayor aproximación temporal ocasionan nos aconsejan que interrumpamos en esta fecha la relación detallada que hasta aquí veníamos dando.

SIGLO XX

Sólo destacar la presencia de dos personajes que no por opuestos fueron menos célebres: de un lado, aparece el periodista don Juan Casas Tamayo, "El Duende de la Colegiata", viviendo en la casa número 3, junto a su esposa e hijos; padrón de 1930, fecha en la que aquél contaba cincuenta y dos años. En los siguientes de 1940, 45 y 50 aparecen sólo su viuda e hijos.

En el número 12 vivía una "mujer de la vida", que dio nombre también a esta calle: nos referimos a Asunción Muro Martínez, más conocida como "La Sangranta". Había nacido en 1879 y en el padrón de 1940 aparece viviendo en compañía de una pareja de jóvenes (nietos o sobrinos). Diez años más tarde (1950) vivía ya sola, no apareciendo en el de 1955, por lo que debió morir entre ambas fechas.

Juan Ramón Martínez Elvira

NOTAS:
(1) Pegujarero, pegujalero o, en el lenguaje vulgar, "peujatero" era el labrador o ganadero cuyas propiedades en terrenos o animales eran mínimas e insignificantes.
(2) Estos mayordomos (don Juan de Bedmar, don Juan Blanco y don Lorenzo Navón) pertenecían en realidad al Clero, en cuyo estamento ejercían dicho cargo, en modo alguno relacionado con la servidumbre.
(3) Los ballesteros eran soldados pertenecienies a la Compañía de Baeza.
(5) Truquero era el que tenía a su cargo una mesa de truco, juego semejante, creemos, al actual billar americano.
(5) Todavía hoy se oye por las calles de Úbeda el voceo peculiar de Juanillo el garbancero: "¡Torraos..., torraíllos..., qué ricos!"
(6) Los menestrales se dedicaban a ejercer un oficio mecanico.