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Historia de las calles de Úbeda: calle de Roque Rojas (y II)

Juan Ramón Martínez Elvira

en Gavellar. Año VII, nº 85. Diciembre de 1980, pp.10-11

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Recién comenzada la centuria (1601), hace su aparición el que posiblemente sea uno de los personajes más trascendentales de toda nuestra historia de la pintura: Juan Esteban de Medina, más conocido por su nombre compuesto, a secas, sin el apellido. En su tiempo alcanzó una amplia popularidad y se hizo admirar por todos dos grandes maestros. Hoy queda una bibliografía sobre él relativamente extensa, pero circunscrita a eruditos y expertos. El «Espasa» refiere que vivió la mayor parte de su vida en Jaén (3) y que las obras que de él se conocen «son de buen dibujo y exquisito colorido, como: San Clemente (úbeda), La Anunciación de la Virgen (catedral de Baeza, 1666)y Cristo y los Evangelistas (en la sacristía de la catedral anterior)».

En la calle Alameda, pues, se muestra este pintor sin interrupción hasta 1627, en que aparece ya incluido en las listas de la calle del Obispo Toral hasta 1632.

Este cambio domiciliario de una calle a otra puede explicarse sencillamente como una «mudanza» normal o, lo que es más lógico —al igual que en el caso de Zayas—, deberse a que la casa del pintor hiciese esquina común a ambas calles y al principio se incluyese en una y, más tarde, en la otra.

En 1603 se inserta en el padrón al mercader y jurado Juan de la Fuente Arévalo, que contribuye con tres ducados el repartimiento de la fecha. En otros posteriores, le moneda base de sus aportaciones fiscales continúa siendo el ducado (4). Es posible que muriera —como el mencionado Diego del Castillo, su más potentado vecino— también en 1630, sucediéndole su hijo Manuel de la Fuente (don Manuel después). Las actividades de ambos debían girar alrededor de la fabricación y/o compraventa de pieles preparadas, según se desprende de una ocasión en que al padre se le cualifica como zurrador.

Entre 1612 y 1614 hace su aparición un colega de Juan Esteban llamado Bernardo José. Permanece visible hasta el 42, debiendo morir entre este año y el de 1655, en que se menciona a su viuda, pobre. Ruiz Prieto dice de Bernardo José solamente que doró el sagrario del altar mayor de San Nicolás.

Pero de los distintos oficios con que aparecen los personajes de esta calle, son las relacionados de alguna manera con la industria textil los que adquieren especial relieve, muy particularmente en los primeros decenios del siglo. De modo que tenemos tintoreros, mercaderes de seda, tejedores (los dos Juanes de Bayona, el Viejo y el Mozo), torcedores, cardadores o perayles y un buen número de sastres.

Otras ocupaciones son las de escribano (Antonio de Mirez, escribano de millones, ocupa toda la década de los setenta), sacristán, jabonero, médico (el doctor Juan Díaz, del 77 el 82), abogado, notario (Blas de León lo era de la Audiencia Eclesiástica y ocupa los últimos años del siglo y primeros del siguiente) y el de clérigo (en cuyo ejercicio destaca por su más dilatada vecindad el licenciado y presbítero Diego de Rojas: 1655-1682).

En cuanto a los cargos y dignidades, decir que en 1660 vivía dan Fernando Antolínez, alguacil mayor, y que don José Luis de Regules, alcalde mayor de 1696, tenía su casa en esta calle. De los hidalgos (doña Isabel del Aguila, don Juan de Alameda, la viuda de don Luis de la Peñuela...)destacan don Alonso Mesía por «notorio» y doña Catalina de Baeza por su dilatada vecindad (1674-1697).

Hacia finales de siglo, la Casa del Correo o Estafeta estaba instalada en esta calle, donde continúa al menos hasta el año de 1702.

Siglo XVIII

En este nuevo siglo, la industria del tejido aún se mantiene representada en esta calle —muy débilmente, desde luego— por algún que otro cordonero o tejedor que, de todas formas, no sobrepasan el primer decenio.

Hay una buena representación del clero, de entre quienes destacan el vicario don Salvador Cayetano de Cabrera (1725-32) y los presbíteros don Manuel de Campos (41-54), don Simón Rosillo (1780-1797) y el más «longevo» de todos, don Juan de Arraya o Raya, que comienza como vecino también en el 80, pero que llega a adentrarse catorce años en el siglo siguiente.

También se incluye a veces en esta calle al arpista de la Colegial Diego de Roa, que vimos en la de Cervantes, lo que supone plantear de nuevo la misma cuestión que con Luis de Zayas, el escultor.

Juan López Santoya, sacristán al principio, aparece después canto Mayordomo de San Antón, al menos hasta 1711, lo que nos hace alargar la pervivencia de esta Cofradía algo más de un siglo respecto a la fecha en que don Miguel Ruiz Prieto tiene localizadas las últimas referencias a dicha hermandad (1609).

En cuanto a los poseedores de título honorífico, hay que destacar al hidalgo don Pedro de Villena (y Chaves), que aparece dos años de 1729 y 1732, es decir, un año antes y otro después de que fuese arrojado por las monjas de las habitaciones que como administrador poseía en el Convento de la Madre de Dios (hoy, Ayuntamiento).

Dos médicos viven en la primera mitad del siglo: don Pedro Ruedas y don Alfonso de Lara. Este último lo hace durante casi cuarenta años.

Siglo XIX

Aparte de algunos sacerdotes y una dama noble {daña María de Ortega, 1824) creemos interesante dar a conocer que por los años de 1875 vive en la calle un matrimonio formado por Miguel Campos, de profesión albañil, y Juana Ruiz, su esposa. Uno de dos hijos, Miguel Campos Ruiz, tenía dos años de edad por entonces y, con el tiempo, llegaría a convertirse en un ávido recopilador de datos sobre la historia y el arte de Úbeda. Aun a pesar de los errores de forma e interpretación fue su labor muy meritenía, principalmente, si consideramos su preparación autodidáctica y poco propicia a la consecución de un eficaz sentido crítico.

Campas Ruiz, inevitablemente, representa e un sector de ubedófilos que, en razón de sus escasos medios de instrucción, han hedho y hacen por su ciudad algo realmente muy valioso.

Entre otras cosas, este «arquitecto-constructor» (come así se autocatalogaba profesionalmente) publicó la «Breve y sucinta historia de Nuestra Señora de Guadalupe».

Siglo XX

En el número 1 de esta calle se empadronaba por los años de 192... a otro futuro doctor en Medicina, estudiante por entonces en Madrid: don Juan de Dios Peñas Bellón, quien, como tantos otros colegas, supo armonizar la práctica de su profesión con el mundo de las letras, en el que destacó como poeta e historiador.

No seríamos objetivos si no recordásemos a los que tienen el libro, hiciésemos saber a los que no lo compraron, que el «Ubedí Básico», del señor Millán Sánchez, tras el ubediccionario, inserta una segunda parte titulada «Por la calle Sabanillas». En ella vivió su autor, primer compilador del léxico autóctono de La Loma.

Septiembre, 1980.

Juan Ramón MARTÍNEZ ELVIRA

(3) Es de suponer que al decir Jaén se refiere a la provincia, no a la ciudad, puesto que los treinta años que en Úbeda vivió Juan Esteban no hacen presumible que fuesen rebasados por su estancia en la capital (en el caso que verdaderamente aquí llegase a residir).
(4) El ducado, antigua moneda de oro, venfa a equivaler 376 reales.