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Nuevos planteamientos en torno al cinturón amurallado de Úbeda (XV)

Juan Ramón Martínez Elvira

en Ibiut. Año VI, nº 30. Junio de 1987, pp. 2-3

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LA TORRE DE LOS CABALLEROS (y III)

Los dos siglos siguientes al XVI también aportan datos muy claros con respecto al verda­dero emplazamiento de la Torre de los Caballeros. Veamos algunos:

En 1620, el presbítero don Pedro de Godoy arrienda a Juan García unas casas "junto a el postigo de la calancha con el bodegón que está a la linde de ellas"; según reza en el folio DCCXXXIIII del protocolo 829. Pero más adelante (folio DCCCCIII) se repite la operación, aunque el clérigo propietario señala ahora "una casa y tienda que yo tengo junto a la torre de los ca­balleros que se entiende lo que es bodegón y las casas bajas de la esquina que con el alindan". Evidentemente, en ambos casos se trata de arrendar la misma propiedad al mismo individuo; sólo que, en el primer caso, esa propiedad se delimita con el Postigo de la Calancha, y en el se­gundo, con la Torre de los Caballeros. Parece, pues, que la proximidad de las dos construccio­nes militares es incuestionable.

En 1627, Diego Dávalos arrienda a Gil Núñez el Mozo unas casas suyas que tiene junto al postigo de la Calancha, "arrimadas a la muralla de la Torre de los Caballeros" (103). Si denomi­nan así a la muralla es que entre el póstigo y la citada torre hay enlace directo. Luego la Torre de los Caballeros era la inmediata inferior a la puerta de la Calancha.








Tanto en el siglo XVII como en el XVIII hay referencias a la calle de la Torre de los Caba­lleros, si bien por su poca entidad los padrones de repartimiento ni siquiera la mencionan. En ella, efectivamente, vivía doña Isabel Gerónima Gaitán, tal y como afirma Torres Navarrete (104), aunque este autor omite su pertenencia a la "parrochia de Señor Santo Domingo de Silos"; dato nítidamente expuesto en el documento. Si tenemos en cuenta que las otras "Gaitanas" (Dª Lucía y Dª María Gaytán Masía) aparecen empadronadas desde 1746 a 1791 en la calle de Santo Domingo, es necesario asegurar que la de la Torre de los Caballeros constituyó un ramal lateral de aquella que se abría camino hacia la muralla a partir de su confluencia con la calle del Jurado Gómez, o sea, desde el Teatro Principal hacia arriba. ¿Es hoy vestigio de ella el tramo sin salida donde está la taquilla del mencionado teatro? Muy probable. Y dado que doña Isabel Gerónima vive "enfrente de la misma torre" no hay más remedio que aceptar la hipótesis de que la Torre de los Caballeros no es la vecina a la calle del Santo Cristo, sino la primera de la Cava.

Otra cita traída a colación por el Sr. Torres manifiesta claramente que unas casas puestas en arriendo en la plazuela de las Gaitanas lindan "con el arco del espíritu santo por la parte baja". Y como también se afirma en otra que ciertas casas de la misma plazuela son contiguas a la Torre de los Caballeros, la conclusión ha de ser que la Plaza de las Gaitanas se hallaba muy cerca del arco de la Calancha, sin que su explícita pertenencia a la jurisdición de San Lorenzo signifique nada en contra, toda vez que la franja colindante a la muralla pertenecía también a la misma.

El último texto aportado por el cronista de las villas hermanas no nos es menos favorable: don Mateo Martínez de Anguís arrienda "unas casas frontero de la Torre de los Caballeros junto a el Hospital de Pedro almindez". Que sepamos tambíen nosotros, el Hospital de Pero Almíndez nunca estuvo en medio de la Cava, sino en sus inicios, haciendo esquina con la calle de San Jorge poco más o menos. Suprimir, pues, la sólida cimentación de una dilatada manzana con la ligereza de la pluma nos parece titánico pero poco ortodoxo.

Esta es, pues, nuestra sencilla aportación a la "verdad histórica" de la Torre de los Caballe­ros. Verdad que, dicho sea de paso, preferimos no "dejar sentada" por miedo a que así se apol­trone y anquilose. Que nuestra pequeña verdad ande de un lado para otro; que, expuesta a los avatares, se mueva de arriba a abajo para que así cualquier investigador se sienta llamado a acrecentarla o a...destruirla. En Historia —como en casi todo— pocas son las verdades definitivas. Así lo creemos, al menos.

LAS DOS PUERTAS DE JAÉN (I)

Frente a la opinión de que jamás existió la puerta de Jaén, es obligado sostener —"a la vista de documentos con solvencia"— que no sólo hubo una sino que incluso llegaron a coexistir nada menos que dos puertas bajo la denominación común de "Jaén".

La más interior se abría desde la Cava en la entrada de la actual calle "Condestable Dávalos" (antes, "Pozo").

La otra, la más externa de ellas, estuvo enclavada en la parroquia de San Isidoro. Así se demuestra en el testamento de Simón Ruiz de Salmerón otorgado el 14 de Julio de 1488, el que el testador deja a su mujer, Catalina Alonso, "unas mis casas de nuestra morada que yo he e tengo en esta dha çibdad en la dha collaçion de sant ysidro en linde de casas de Juan Ruys d salmeron e en linde de la puerta jahen" (105).

Sin embargo, dada la amplia extensión jurisdicional de San Isidoro, es necesario reducir un área más concreta su ubicación. Para ello, acudimos al gran Ruiz Prieto, quien sitúa a "la antigua puerta de Jaén" junto al egido de San Marcos (106). Nada más lógico en cuanto que de aquí partía el viejo camino a la capital del Santo Reino. Pero tan exiguo dato se refleja también en e Padrón de Solares de 1540, en cuyo folio 229, fechable en 1573, quedan registrados los "solares de la fuente las Risas a dar frontero de la calle R° gonçalez en la hazera la puerta jaen". Luego es evidente que ésta debía alzarse en algún punto de las calles "Fuente de las Risas" y "Gómez de Barrada" (antes Rodrigo González).

Jugando a hipotetizar, nos inclinamos a creer que esta Puerta de Jaén debió estar en la confluencia de las calles "San Francisco" y "Fuente de las Risas", ya que con este supuesto casan bastante bien los datos barajados hasta el momento.
(Continuará)

Juan Ramón Martínez Elvira

(103) AMU. Prot. 900, fol. MCCLVII.
(104) Revista "Gavellar", n. 152-53, pág. 8. (1051 AMU. Prot.' 1.330, s/f.
(106) RUIZ PRIETO, op. cit., pág. 532.