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Nuevos planteamientos en torno al cinturón amurallado de Úbeda (XVI)

Juan Ramón Martínez Elvira

en Ibiut. Año VI, nº 32. Octubre de 1987, pp.2-3

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LAS PUERTAS DE JAÉN (y II)

Si la única duda respecto a la puerta más externa de Jaén puede estar en su ubicación, no en su existencia, el emplazamiento de la interior está perfectamente delimitado. Así, en 1575, a la calle del Pozo se le llama "calle de la Puerta de Jaén", y en distintos documentos –padrones y escrituras notariales– se hace continua mención de vecinos de esta calle que viven "junto a la puerta jahen". Fíjese el lector que transcribimos exactamente "Puerta de Jaén" y no "Arco de San Francisco", pues esta otra denominación es relativamente moderna.

Cuando la Puerta de Jaén aparece documentada, el auténtico problema consiste en discernir si se trata de la periférica de San Isidoro o de la medular de San Lorenzo. En tales ocasiones no hay más remedio que acudir a la conjetura. Cuando, por ejemplo, en cabildo de 9-IX-1558 "mandaron que el obrero faga quitar el muladar questá en la puerta jahen"; difícilmente podemos saber si estamos ante una u otra puerta, pues aunque era normal que los muladares se formasen en el extrarradio no es menos cierto que a lo largo de las murallas de la Cava también se acumularon inmundicias. Esto fue posteriormente motivo explícito para vender los terrenos del pie de la muralla: en 10 de marzo de 1583 ordenan medir y evaluar dichos solares y, sabedores de ello, los frailes de San Francisco no se andan remisos en solicitar, según acta municipal del día 22,

"...cierto sytio questá junto a su casa e conbento desde la puerta jaen hasta el saltadero del agua qual es desde la ponteçuela abaxo el qual sytio no sirve de mas de hechar allí munchas ynmundicias donde se sigue muy mal olor... ques un rincon donde se a visto munchas vezes munchas maldades y ofensas de n° senor".

Entre otras, se les impone la condición de que

"en ningun tpo por muncha necesidad e preçiso que sea los dhos frayles e conbento no puedan arrimar ningun edificio a los adarves de la ciudad ni llegar a la barbacana a el parezer de los comisarios de manera que sienpre la barbacana quede libre e con paso".

La cita es interesantísima toda vez que en ella se mencionan la PONTEZUELA y la BARBACANA.

La pontezuela (pequeño puente) debió servir para vadear sin dificultad la vaguada de la Cava. (No hay que olvidar que la palabra "cava" adquiere pleno sentido si se la identifica aquí con una hondonada o excavación formada por el efecto erosivo de las aguas). Dicha pontezuela no debió emplazarse justo enfrente de la Puerta de Jaén, sino algo más abajo, en la línea de la fachada septentrional del convento franciscano. Su extremo occidental nacía del Altozano, en tanto que el otro debió apoyarse en la plataforma que –al mismo nivel que la calle del Pozo– bordeaba la muralla. Todavía en 1780 estaba la puente en funciones. Dicen en cabildo de 1 de Julio:

"Cuando este año se reedificó la pontanilla de San Francisco se le dio quexa por el Sr. D. Bartolomé Ventaxa de que alguno de los maestros de alarifes quitavan desta muralla algunas piedras para la referida obra".








En cuanto a la barbacana, dada la ambigüedad de los documentos en que se cita, resulta muy difícil precisar su trazado. Puede que corriese entre la cava y la muralla siguiendo más o menos la línea de fachada de las actuales edificaciones adosadas a ésta; pero también puede ser que, al mencionarla, los documentos se estén refiriendo simplemente al segundo cinturón o cerca de San Francisco. No obstante, por la parte del Altozano también hubo de existir algún paredón perteneciente a la ciudad, puesto que es el propio Ayuntamiento el que interviene en su reparación:

"La ciudad aquerda se cierre una entrada del muro de junto al altoçano de san francisco que abrieron para las bocaçiones de la concepción... (107)".

Otro elemento característico del área fue el SALTADERO. Consistía en un profundo desnivel o tajo por el que se precipitaban las aguas de la cava y debía nacer, aproximadamente, donde hoy lo hace la glorieta dedicada al alférez Rojas Navarrete.

Si retomamos el hilo a partir de la petición de los franciscanos diremos que en acta de 27 de Julio del mismo año de 1583 acuerdan:

"...que se rremate el sitio e solar debaxo de la ponteçuela del convento de san francisco para el domingo primero que verná".

En 1592 —sesión de 5 de Marzo— reza así el acta correspondiente:

"se dio rrazon por al°. de la peñuela veintiq°. de que el arquillo de la puerta jaen a causa de haçer dos rrincones se allega muncha ynmundizia y esta dispuesta para qualquier açechanza que la çiudad mande se quite y se entre en las esquinas en las casas alta y baxa".

A esta petición, en junta de 8 de Abril, accede el cabildo:

"acordaron que se quite y derribe el arquillo viejo y antiguo de la puerta jaen vieja (...) e luego se adobe e repare como conbenga la dicha puerta".

Nos inclinamos a creer que esta Puerta de Jaén Vieja sea la de la calle del Pozo, pues es allí donde más puede molestar el acúmulo de basura y donde más puede preocupar un asalto nocturno. En esta hipótesis, esa vieja Puerta de Jaén —la misma entonces por la que en 1464 entrase don Fadrique Manrique a levantar el pendón por el príncipe Alfonso— se alzaría en un frente adelantado a la línea de la muralla, tal y como se puede apreciar en el croquis adjunto. Este temprano derribo no implica más que la desaparición del viejo arco, ya que la puerta se vuelve a levantar, aunque con un pequeño retranqueo. Fuera de esto, jamás se habla en las actas capitulares del XVI, XVII o XVIII de volver a derribar la Puerta de Jaén. Mucho menos, de cerrarla. El portillo a que se refiere Torres Navarrete en su serie (108) es uno lindero al convento de San Francisco por el cual se accedía a un espacio donde los ganados descansaban y los pobres se dedicaban a la pulcra tarea de aligerarse de parásitos. Los clérigos, como argumento para poder cerrarlo, aluden a las muchas "ofensas a Dios" que allí se seguían, pero la verdadera razón la da don Alonso de la Peñuela cuando indica que las tapias del convento eran demasiado bajas y los frailes temían por su seguridad. Al final, el portillo acabó tapiado, con la desesperada oposición del regidor Peñuela. Pero la Puerta de Jaén, la de la calle del Condestable Dávalos, ni se cerró ni se arrasó hasta mediados del XIX, según apuntó ya don Ginés de la Jara. De la otra Puerta de Jaén, la de la parroquia de San Isidoro, no hemos vuelto a saber nada más.

Juan Ramón Martínez Elvira

NOTAS:
(107) Acta del Cabildo Municipal de 17 Octubre 1650.
(108) Revista "GAVELLAR", nº 96.