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ENTREVISTA AL PABRE BERMUDO DE LA ROSA (Antiguos alumnos de SAFA en Alemania)

Juan Pasquau Guerrero

en SAFA. nº 15. Abril-mayo de 1962

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El despacho del P. Rector es funcional. Detrás de él, en una estantería ,hay una serie de carpetas-archivos con nombres evocadores para la SAFA: Alcalá la Real, Alcalá de los Gazules... Villanueva, Antiguos Alumnos, Fundaciones, etc. Y sobre su amplia mesa de cristal, un pequeño crucifijo y una pila de papeles, proyectos y carpetas.

- ¿Por qué fue usted a Alemania?

- Porque sólo en Nüremberg tenemos veinticinco Antiguos Alumnos y la SAFA debe estar presente allá donde se halle uno de ellos. Los Antiguos son para nosotros, hijos; mayores sí, pero hijos.

- ¿Le recibieron bien?

- Con los brazos abiertos. Pocas veces he sentido la grandeza de esta obra como al verlos recibirme con emoción en el aeropuerto y apreciar de cerca durante una estrecha convivencia de ocho días el cariño que nos tienen y el influjo que la obra ha dejado en ellos.

- ¿Por qué pensó usted en enviarlos fuera de la Patria?

- Fueron ellos los que lo decidieron. No olvide que en el pasado verano aún se sentía en el Sur la remisión industrial que siguió a la estabilización. Hoy es ya otra cosa. Empeñados en buscar su vida fuera, mi papel consistió en ponerlos en relación con una empresa solvente en donde trabajaba ya un grupo de alumnos de Escuelas Profesionales (Jesús Obrero de Vitoria, Cristo Rey de Valladolid), y sobre todo en hacer que vivieran agrupados.

- ¿Piensa usted Padre que no es esta la solución?

- Efectivamente. Es un mal menor en épocas de falta de trabajo. Una Patria pobre no puede permitirse el lujo de exportar a países ricos sus mejores hijos, educados a fuerza de numerosos sacrificios. Tenga presente que un chico al terminar sus estudios profesionales representa un capital humano invalorable.

- ¿Números?

- Ponga usted 500.000 pesetas aunque hay otros factores intraducibles en moneda: sus almas forjadas en una educación integral cristiana, sus posibilidades de acción testimonial y apostólica en los ambientes laborales.

- ¿Están contentos?

- El nivel de vida del obrero alemán es incomparablemente superior. Pero hay una gran diferencia entre los que trabajan en máquinas automáticas o en tornos paralelos. Aquellos ganan casi el doble que éstos, aunque los últimos hacen un trabajo personal, más humano y más inteligente; pueden perfeccionar mejor su oficio y preparar su porvenir. La máquina automática deja un vacío inmenso en el obrero fino y culto. Al principio los marcos hacen olvidar la monotonía de ese trabajo despersonalizado. Pero al fin el obrero con estudios desea un puesto donde ocupar su inteligencia y expansionar su personalidad. Y en esos trabajos existe la dificultad del idioma...

- ¿Se vendrían?

- Muchos sí. Añoran nuestro cielo, nuestro clima, nuestro humanismo. No hay plena adaptación a aquel ambiente. Tenga presente que el pueblo español ha admirado siempre al alemán y con razón, sobre todo por encontrar en ellos lo que a nosotros nos falta –orden, disciplina, tesón y trabajo, elevado nivel científico e industrial-. Es decir, somos pueblos complementarios pero no semejantes. La simbiosis es más difícil. Tenemos otros valores propios, muy estimables y sobre todo un sentido moral enraizado en nuestra fe y una alegría de vivir que es fruto de nuestra esperanza.
- ¿Qué echarán de menos en España?

- Yo estoy seguro que las empresas españolas organizarán su productividad en vista a la integración europea, de tal suerte que ofrezcan a estos chicos probabilidades si no iguales, parecidas a las que encontraron en Nüremberg. Los chicos abundaban en la idea de que allí no se trabaja más, sino con una organización de la productividad más profunda, sobre todo en cuanto al estudio de los métodos y tiempos y a la perfección y abundancia del herramental. ¿Cómo de otro modo podría salir el producto más barato con jornales superiores?

- ¿Qué impresión le hizo la empresa M.A.N.?

- Visité unas naves ocupadas por doce mil obreros, donde se fabrican grúas, turbinas y motores. La empresa me atendió muy bien. En las naves de trabajo pude apreciar que nuestros chicos gozan de simpatía por parte de maestros y compañeros de trabajo.

- ¿Podría decirme, Padre, cómo se conserva el grupo SAFA en cuanto a sus valores morales?

- Yo he tenido siempre una preocupación y una inquietud por los resultados de nuestra formación y he querido investigarlos con seriedad y sincera autocrítica. En una conferencia que di en el Congreso de la F.E.R.E., me expresé en tono pesimista a la vista de los datos de una encuesta realizada entre Antiguos Alumnos de distintas Escuelas. Después de este viaje he tenido que rectificar muchos conceptos.

- ¿En qué sentido?

- Yo creo que un grupo de universitarios españoles de clase media y solera cristiana en sus familias no se conservará en un ambiente duro y difícil como el de Nüremberg con una moralidad más elevada que la de nuestro grupo. Existe un peligro común en el que sale, de curiosear de cerca lo
prohibido. Pero hay diferencia entre los que saben mantenerse en su línea y los que la traspasan sin escrúpulo. Yo creo que nuestros safistas alemanes acreditan a sus Escuelas, a las que por otra parte quieren de verdad.

- ¿Y la vida religiosa?

- La llevan regularmente en Martakivche, una iglesia cedida por el Obispado para españoles e italianos. El capellán español, don Antonio Dugo, sacerdote celoso, dice todos los domingos la santa Misa para españoles, a la que asisten varios centenares.

- Por último, Padre: su más grato recuerdo del viaje...

- La excursión con cuarenta españoles, entre los que se encontraban naturalmente ellos, a la ciudad de Rothenbourg, villa medieval conservada intacta en las dos guerras. Es una delicia de arquitectura, ambiente y paisaje. Los cantos regionales españoles sonaban por aquellos prados y bosques con un acento nuevo.

- ¿Su mayor emoción?

- El momento en que me entregaron un precioso regalo, comprado con los sacrificios de todos; era el gesto, el detalle y la ilusión que ponían en ello lo que me hacía soñar que nuestros Antiguos Alumnos comenzaban a juzgar a las Escuelas como lo que son: una familia de veras.