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CULTURA AL ALCANCE DE TODOS

Juan Pasquau Guerrero

en SAFA. Nº 11 y 12. Octubre y noviembre de 1961

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Adquirir una Cultura ha sido siempre difícil. Pero antes, más. Más difícil antes porque lo primero que antaño se exigía, como circunstancia previa para ponerse en condiciones de conseguirla, era el dinero. El dinero siempre ha hecho ingenieros, médicos, abogados –sobre todo abogados-, arquitectos, etc. Ahora, también. Pero reconozcamos que ya la Cultura no es patrimonio de unos cuantos. En España, concretamente, el régimen de becas, subvenciones, etc., está consiguiendo mucho. La “igualdad de oportunidades” es un hecho. ¿Cabe negarlo? Hace treinta años nada más, había “carreras de rico”, exclusivamente reservadas para los ricos. Si somos sinceros, confesaremos que todavía los ricos encuentran más facilidades para estudiar que los pobres, pero, al mismo tiempo, a la vista está el hecho de que las Facultades, las Escuelas medias o superiores de toda índole, se nutren en un porcentaje elevadísimo de individuos pertenecientes a las clases económicamente débiles.

Pero si la Cultura cuesta ahora menos dinero, se está encareciendo, en cambio, desde otros puntos de vista. Por ejemplo, desde el punto de vista del estudio. Ahora un título cuesta más conocimientos y una carrera más desvelos. Los aprobados en cualquier disciplina ya no se otorgan: se merecen. Ya no se dan: se alcanzan. Antes se llamaba Cultura a cualquier cosa. Era un hombre culto –por ejemplo- el que escribía la gacetilla en el periódico local. Ya no hay, afortunadamente, periódicos locales para esa clase de hombres cultos. Antes, los médicos, los maestros, los licenciados, abusaban de la ignorancia de las gentes que les rodeaban. Y su privilegio nacía no de su sabiduría sino de la ineptitud del vecino. Ya ello no va siendo posible. La gente empieza a entender de todo. Los médicos tienen que apretar los codos para poder saber más que los enfermos. Y los abogados para saber más que los pleiteantes. Y los profesores y maestros para saber más que los padres de los alumnos... que los hay sabihondos.

Hay que estudiar, si se quiere ser estudiante. El estudio no es un señoritismo. Ni el latín un pretexto para hacer burlas de las gafas del cura que lo explica. Ni la clase de Ciencias un motivo para soltar lagartijas vivas en la mesa del profesor miope. Los muchachos empiezan a darse cuenta de que estudiar no es pasar el rato.

Que sigue habiendo malos estudiantes no puede, por otra parte, desconocerse. Pero la verdad es que ellos se eliminan solos. A los cursos superiores llegan los capaces. Y si todavía llegan algunos incapaces a obtener el título, son los menos.

Ahora bien, en la edad estudiantil, una abundancia, mejor o peor lograda, de conocimientos, no se soporta sin cierta pedantería. Hay muchos estudiantes que saben mucho, que saben enormemente, pero ello no indica que sean cultos de verdad. La cultura es algo que viene luego, algo que se sedimenta lentamente, algo que se obtiene bastantes años después de lograr el título. Conocer no es comprender y, mucho menos, saber. El peligro del estudiante de ahora es... la pedantería. Y los hay cursis a montones. Son listísimos pero se creen algo más que listísimos: se creen maduros. Maduros para justipreciarlo todo, para criticarlo todo, para valorarlo todo. Los hay hasta con sonrisa compasiva.

¡Atención estudiantes! Ya estudiar no cuesta dinero; cuesta estudio. Pero la Cultura que pretendéis, además de estudio exige mucha discreción y no poca humildad.