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DIOS ESTÁ AQUÍ

Juan Pasquau Guerrero

en Revista Vbeda. Año 2, núm. 17. Mayo de 1951

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Julián Marías en su Historia de la Filosofía, señala la «evolución del problema de Dios» como causa intelectual principalísima de las variaciones del mundo europeo. Entre otras cosas dice que Dios dejó de ser el horizonte de la mente, para convertirse en su suelo... Es decir, según él, a la mayoría de los hombres actuales no interesa Dios, por la misma causa que no interesa al peatón el suelo que pisa. Para el peatón, el suelo es únicamente el supuesto necesario para andar hacia otros suelos. De la misma manera, Dios es una realidad «firme y segura», de la que se prescinde para atender otras cosas...

No parece tan clara, sin embargo, entre los filósofos, esa realidad «firme y segura» de Dios. Porque si, para conocer la verdad religiosa, así como usamos de la doctrina ortodoxa de la Iglesia, usásemos de las opiniones de los filósofos más o menos modernos, nuestro concepto de la divinidad sería el más contradictorio, versátil e inseguro de los conceptos. La Filosofía, desplegadas solas sus fuerzas laicas, no ha podido conocer a Dios; aunque sepa de su existencia, ha sido impotente para abarcarlo, para definirlo. Por eso, quizá, cree haberlo rebasado... Rebasado, sí, más no conquistado, no penetrado. Dios es una plaza —permítaseme la irreverencia en gracia al posible grafismo—, una plaza que no ha caído en poder de la sapiencia de los doctos. Así, el parte de los doctos, explica, poco más o menos, lo mismo que el parte de los generales que, después de luchar infructuosamente por alcanzar un objetivo, prefieren traducir, para no confesar su fracaso, que han rebasado la ciudad en cuestión. Bonito eufemismo... Casi el mismo de la zorra cuando las uvas. Porque, ¿no rebasó también la zorra su propósito de comerse las altas uvas so pretexto de que maduras no estaban?

Da grima este dios de aluvión, difuso unas veces, tentacular otras, oscuro siempre, de los filósofos que han levantado la choza de su teología independiente, al margen de la arquitectural Teología inconmovible. Antes estaban los ateos; pero con ellos, al menos, había a qué atenerse. Decían paladinamente: No existe Dios. Y su actitud, era una actitud relativamente honrada en cuanto no se prestaba a tergiversaciones. No intentaban interpretar a Dios puesto que no había tal; no proyectaban nieblas místicas ni nieblas poéticas sobre las ideas religiosas, con propósito táctico, o sin él, de desconcertar a nadie... Cometían el error de no creer, pero no tenían la avilantez de llamarse místicos. Se llamaban materialistas nada más. Ahora es peor...

Ahora resulta peor porque es con banderas místicas y con «angustias» religiosas y con afirmaciones espiritualistas como se avanza hacia la impiedad (bueno, hacia la religión avanzada). Se rebasó la cuestión del Dios concreto y personal... y surge el dios impresionista, hecho de reflejos y de matices, el dios fantasmal, polícromo, poético, que sucumbe al análisis racional como el polvo de las alas de las mariposas... Se rebasó la cuestión del Dios «medioeval», Dios creador y remunerador, y he aquí el dios de los modernistas. No se trata del Dios que creo el mundo en seis días, sino del dios que el hombre crea —o recrea— en su alma cada día. Un dios subjetivo y evanescente exhalado, como una evaporación, por el espíritu «atormentado» de unos hombres «abismales»...; un dios amorfo, sin silueta, un dios «éter pintado con éter en el éter».

Es muy urgente la vuelta a Dios; pero, naturalmente, al Dios de la Biblia, al Dios personal. No rebasar alegremente su concepto para luego fabricarse desaprensivamente una teología de uso particular. Hay que ceñir de reverencia esa verdad, Dios. Esa realidad que no es una delicuescencia que se confunde con las cosas impregnándolas, sino una Presencia objetiva que las dirige y preside. Una realidad que, como escribe San Pablo a los Colosenses «tiene ser ante todas las cosas».

A la filosofía, ¿se le ha derramado, se le ha perdido Dios?... Pero la Religión conserva la verdad de su concepto distinto, afirma la presencia personal y eterna del Creador increado. El cristianismo sabe de la corporeidad, de la tangibilidad de Dios... El Catolicismo celebra la Fiesta del Cuerpo de Cristo.

La Eucaristía es el misterio cumbre; el misterio de la realidad de Dios vivo con los hombres. Ciertas filosofías parecían haber perdido a Dios, y el Sacramento nos lo devuelve entero. Dios está aquí.

Úbeda, día del Corpus Christi, 1951