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MAYO. Lección ocasional

Juan Pasquau Guerrero

en Medio sin identificar.

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¡Qué bonito mes! Está limpio el cielo y basta salir al campo para palpar una alegría. Las margaritas y las amapolas predican, entre los trigales, una felicidad. ¿Qué felicidad? Dios lo sabe. Pero nuestra mirada, en mayo, se da cuenta en seguida de que hay un Creador que embellece la Naturaleza y pone un júbilo —júbilo de vivir— en los pétalos de las rosas, en las gargantas de los recentales y en la espiga que asciende —asciende cada vez más— mientras madura sus granos.

Ahora os gusta salir y entrar. Las tardes son largas. Parece que hay tiempo, más tiempo para todo. “Largo mayo”, decís. Y ya el abrigo, la gabardina están ya, desairados, en la percha de vuestra casa: los van a guardar pronto en el baúl, con la bufanda... Cuando os agitáis, cuando camináis aprisa, cuando jugáis al fútbol, acuden ya las gotas de sudor a vuestra frente.

Primavera... Vamos compararla con cosas conocidas. Si tuvierais que comparar la Primavera con una persona, ¿diríais que se parece a una vieja, a un hombre maduro o...a una muchacha bonita?. ¿Por qué?. Y, ¿diríais que se parece a un ruido o a una música?. Y, ¿guarda semejanza con la virtud, o con el vicio?

Nota esencial de la Primavera es, pues, la belleza. ¿Qué creéis vosotros que es la belleza?. Encontráis belleza en una niña, en una música, en una flor, en una buena acción, en la primavera... ¿Qué hay de común en cosas tan diferentes como una muchacha, una música, una flor, una acción, qué hay de común —repito— en todas estas cosas, para hacernos decir de ellas que son bellas?.

Tenemos el instinto de la belleza. Lo bonito nos gusta sin que nadie nos diga previamente que es bonito. Y lo bonito no es una cosa concreta; es una calidad que hallamos en cosas, unas concretas, otras abstractas, — una rosa, una obra de caridad— ,
que no se parecen en nada, si no en lo bonitas.

Pero sigamos con la Primavera. En la Primavera la naturaleza renace. Es viejísima la Naturaleza, pero cada año, precisamente en Primavera, es como si acabara de empezar. No existían los hombres y ya la Naturaleza contaba muchas primaveras de edad. Os parece vieja la muralla que rodea vuestro pueblo , o la torre de la iglesia...¡Bah! El campo es infinitamente más antiguo. Pero he aquí el milagro de Dios: cada año, en Mayo, el campo parece recién salido de las manos del Creador. Por eso, la oración brota espontánea en el campo florido de mayo. La naturaleza contagia su rejuvenecimiento al alma y en el alma brota un júbilo que dedicamos al Señor. Nosotros los cristianos, en un acto de finura, de delicadeza espiritual,ofrendamos esa oración a la Madre de Jesucristo: a la Santísima Virgen. Ella es pura belleza, pura bondad, como un campo fragante.

¿Vamos a hacer propósitos? Sentíos más limpios, más luminosos, en la Primavera. Que vuestro campo de flores dé belleza espiritual: buenas acciones. Sed alegres, optimistas. Y dar sentido —dirección— a vuestra alegría y a vuestro optimismo.